Parte 1: En El Desierto

Mi Etapa en el Desierto de la Fe

“En el Desierto” Nace a partir de una etapa de mi vida, en la que me sentía como si estuviera dando vueltas en el mismo lugar, sin avanzar. Era un período de pruebas y descubrimientos. Fue en el año 2013 cuando me convertí al cristianismo y el Señor me mostró sus caminos. En ese momento, experimenté una transformación radical y me sentí como una persona completamente nueva. Tenía un deseo y una pasión ardiente por comprender más sobre el evangelio y servir en la iglesia. Este fervor y celo me caracterizaban, y sé que no soy el único en esta experiencia. El Señor me bendijo con un despertar espiritual, con un celo por su Palabra y su iglesia.

Sin embargo, con el tiempo, comencé a sentirme estancado, como si hubiera perdido esa pasión y me preguntaba dónde estaba Dios en todo esto. Me veía a mí mismo como en la pintura, contemplando el firmamento y cuestionándome: “¿Y ahora, Dios? ¿Es esto todo lo que hay al seguirte?”

El libro de Éxodo relata cómo Dios liberó a los Israelitas de Egipto y cómo les llevó 40 años para llegar a la tierra prometida. Me identifiqué con su historia, ya que después de presenciar el magnífico poder de Dios al traer plagas sobre los Egipcios y abrir el Mar Rojo para su escape, los Israelitas aún dudaban si Dios los llevaría hasta el final del camino. Incluso llegaron a arrepentirse de haber seguido a Dios y anhelaron regresar a Egipto. Fueron tentados, adoraron a otros ídolos y algunos se desmotivaron. De manera similar, yo me sentí desorientado y mi fe se volvió tibia, a pesar de que en un principio ardía vivamente en mi corazón.

Entonces me dije a mí mismo: “Tengo que cambiar las cosas, moverme, no puedo quedarme estancado”. En ese momento, vivía en Ciudad del Carmen, Campeche, donde trabajaba como ingeniero en modelado 3D y servía en la iglesia como líder juvenil. Fue en el año 2016 cuando tomé la decisión de mudarme a Australia, creyendo que la aventura me haría bien. Comencé a estudiar mecánica, pero al final me di cuenta de que no era para mí, luego trabajé en construcción instalando bases de duchas. Aunque todo lo que emprendía parecía ir bien y tenía los medios para llevarlo a cabo, después de un tiempo noté que volvía a sentirme igual que cuando estaba en México: estancado, fuera de lugar y sin estar en la dirección correcta. Quiero destacar que durante todo este tiempo, no dejé de asistir a la iglesia ni de servir. Incluso comencé a liderar grupos de estudio bíblico. Sin embargo, a pesar de cambiar de iglesia y comunidad por un tiempo, esa misma sensación en mi corazón seguía apretándome.

En la pintura, se ve a las tortugas recién nacidas en la arena, intentando llegar al mar, ya que de lo contrario morirían. Las tortuguitas utilizan la luz del sol como guía, ya que esta las dirige hacia la dirección correcta. Sin embargo, debido a la intensa luz artificial de las ciudades, a menudo se confunden y siguen en la dirección equivocada, lo que les lleva a perecer. Así es como me sentía yo, como si estuviera yendo en la dirección equivocada, siguiendo las luces que creía que me conducían a buen puerto. Sin saberlo, esas luces me impedían avanzar en la dirección correcta.

En la historia del libro de Éxodo, Dios guiaba al pueblo de Israel con una columna de nube y fuego para que lo siguieran. Sin embargo, debido a su desobediencia y quejas, se desviaban del camino. De alguna manera, a pesar de seguir asistiendo a la iglesia, mi vida estaba más definida y dirigida por mi semana: el trabajo, los estudios, y aunque esto en sí mismo no es malo, sin embargo, la iglesia y Dios comenzaron a ocupar un lugar secundario y complementario en mi vida en lugar de ser mi prioridad.

Fue entonces, en medio de este sentir, que me harté y algo cambió una noche. Caminaba de regreso a casa después de salir de la iglesia cuando, desesperado, oré a Dios casi gritando en medio de la calle: “Dios, si hay algo que quieres que haga, dímelo y lo haré. Iré a donde quieras que vaya”. No se abrió el cielo ni escuché la voz de Dios audible, pero después de ese día, Dios respondió a mi oración y tuve la convicción de poner a Dios en el centro de mi vida. Con el tiempo, Dios despertó en mí el deseo de estudiar teología. Tomar esa decisión no fue fácil en absoluto. Sabía que no solo requeriría todos mis ahorros, sino que también implicaría cambiar de carrera, lo cual sería lo más difícil que había hecho hasta entonces.

Cuando fui a visitar la escuela que unos amigos me recomendaron (MST) para comenzar a estudiar en el inicio de 2018, la persona con la que hablé me dijo que estudiar teología con ellos implicaba hacerlo a tiempo completo y que no podría trabajar, ya que la carga de los estudios no me permitiría tener tiempo para un trabajo a tiempo parcial. Ese día, regresé a casa desmotivado, porque sabía que necesitaba seguir trabajando. Vivía solo en Australia, sin familiares, y tenía que trabajar para mantenerme. Durante una semana, busqué a Dios sin saber qué hacer. En ese momento, trabajaba a tiempo completo en construcción y los fines de semana trabajaba en un restaurante Argentino. Si comenzaba a estudiar teología, tendría que renunciar a mi trabajo durante la semana, gastar todos mis ahorros en el primer semestre y, en contra de lo que me habían dicho en la escuela, tendría que esforzarme para trabajar los fines de semana en el restaurante para poder cubrir mis gastos diarios.

En la pintura, estoy parado en la orilla del mar, reflejando cómo me sentía, tratando de decidir. Estudiar teología era como adentrarme en el mar. Cuanto más avanzaba, más dependía de la gracia de Dios y dejaba atrás mi seguridad en el trabajo y los recursos. A medida que me adentraba más en el mar, caminaba hacia lo desconocido. Finalmente, decidí adentrarme y dejar atrás el desierto.

2 respuestas a «Parte 1: En El Desierto»

  1. Avatar de Rodrigo chan solis
    Rodrigo chan solis

    Hermano es cierto tu eres difente a nosotros. Para la gloria de dios eres tu. Dios te bendiga

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    1. Tengo mis propios dones que Dios me dio, pero el nos usa a todos de diferentes formas. Tu también eres para la gloria de Dios

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