Cuando cursé el primer año de teología, pensé que fue el año más difícil de mi vida, pero no tenía idea de lo que me esperaba al tratar de continuar con mi segundo año.
Después de terminar mi primer año, tuve que pausar mis estudios por motivos financieros. Entonces, en el año 2019, me propuse ahorrar durante todo el año para poder continuar mi segundo año en teología en 2020. Como estaba en Australia con una visa de estudiante, tenía que seguir cursando algún curso, aunque no fuera teología. Decidí estudiar un diplomado en diseño gráfico, ya que era mucho más económico y solo tenía que asistir a clases los fines de semana. Así que ese año comencé a trabajar en limpieza y construcción. Trabajaba en la mañana en construcción desde las 6 am hasta las 2 pm, y luego de 3 pm a 7 pm en limpieza. Hice todo lo que pude.
Sin embargo, no importaba cuánto me esforzara, todo lo que ganaba se iba en pagar deudas, colegiaturas y gastos de subsistencia. El trabajo en construcción no era frecuente y solo el trabajo de limpieza era seguro, aunque solo eran 20 horas a la semana. El año continuó de esta manera y pensaba que cada mes saldría de deudas, pero una y otra vez tenía que utilizar mis ahorros para emergencias.
Siempre me he considerado una persona organizada con el dinero, pero ese año era como si el dinero se me escapara de las manos. Incluso hubo ocasiones en las que no tenía suficiente dinero para el transporte. A pesar de todo, seguí esforzándome y logré salir de mis deudas, pero cuando me di cuenta, ya era octubre. Había decidido continuar mis estudios teológicos en otra escuela más accesible en términos de distancia y ubicación. Una de las opciones era Ridley College. Asistí al día donde los interesados pueden visitar el campus, ver las instalaciones, asistir a una clase y obtener toda la información necesaria. No sabía realmente por qué fui, ya que sabía que no tenía el dinero suficiente para inscribirme. Pero, de todos modos, fui y me dieron toda la información, y confirmé efectivamente que no tenía los recursos necesarios. Ese día regresé a casa más que decepcionado, triste y resignado. Sabía que, aunque lo intentara, simplemente no podría cubrir los gastos. Esta vez, no importaba cuánto me esforzara, simplemente no podía hacerlo por mis propios medios.
En medio de mi resignación, fui a la iglesia el siguiente domingo. En mi iglesia, antes de cada servicio, alguien da un mini-sermón para motivar a los que sirven en el servicio. En esa ocasión, la persona habló sobre creer y mencionó el pasaje bíblico cuando el Señor Jesús fue a su pueblo natal en Nazaret y la Biblia dice que el Señor Jesús no hizo muchos milagros debido a la falta de fe de la gente (Mateo 13:58). Cuando dijo eso, fue como si alguien me hubiera lanzado un balde de agua fría o me hubiera sacudido, porque me di cuenta de que yo era como esas personas del pasaje. Había decidido no estudiar más porque no pensaba que Dios proveería para mí. Siempre había pensado que si quería lograr algo, dependía de mí. Pero en ese momento supe que Dios me estaba hablando a través de esa hermana.
Motivado por esto, regresé a casa para replantearme la situación. Pero ahí me di cuenta de lo que significaba hacer esto. En el libro de Jueces de la Biblia, hay una historia en la que Israel estaba a punto de pelear contra el ejército de Madián. Israel estaba liderado por Gedeón, eran miles de israelitas, pero Dios le dijo a Gedeón: Sabes que, tienes demasiada gente, a fin de que Israel no piense que por su propia fortaleza fue librado, solo llévate a 300 (Jueces 7). Al final, básicamente Dios hizo que el ejercito enemigo se destruyera entre si. Así también, era como si Dios me dijera: “No necesito tus ahorros ni tus propios medios, yo te llevare al otro lado. No sea que pienses que fue por tu propio esfuerzo.”
Se me vino a la mente una imagen, como en la pintura, como si estuviera frente a una roca enorme que tenía que trepar sin cuerda ni equipo de seguridad, y si caía no tendria nada que detuviera mi caída. Esta vez no tenía ahorros ni el dinero suficiente, solo fe en Dios. Pero, como Dios le dijo a Josué: “¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas”. Por extraño e ilógico que pareciera, tenia esa convicción. Es extraño estar en una situación así porque sabes que no tiene lógica humana, pero como cristiano, no te queda otra opción más que poner tu fe en Dios. Y eso fue lo que hice. Pero, sabía que si intentaba trepar esa roca, en algún momento caería. La pregunta era: ¿Me sostendría Dios cuando cayera?
Las primeras semanas de mi segundo año fueron una verdadera prueba, ya que estaba esperando ansiosamente alguna respuesta de Dios. Necesitaba pagar mi primera colegiatura y había solicitado una beca que ofrecía la escuela, pero el tiempo pasaba y aún no había recibido ninguna respuesta. Esas semanas se convirtieron en un período de agonía y angustia. A pesar de seguir trabajando arduamente todas las tardes e intentar ahorrar lo suficiente para cubrir los gastos de la colegiatura, me di cuenta de que simplemente no tenía los recursos necesarios. Cada noche, en mi desesperación, buscaba a Dios incansablemente. Justo cuando parecía que tendría que abandonar mis estudios, ocurrió algo maravilloso: recibí una carta anunciando que me habían otorgado la beca. Aquel fue uno de los días más felices de mi vida. Comprendí claramente que Dios había intervenido y había detenido mi caída.
La pintura se titula “Coraje”, no porque yo haya tenido el coraje para continuar mis estudios, sino porque Dios me dio el coraje para confiar en Él, aunque la roca parecía imposible de trepar. Al final, Dios me llevó a la cima de la roca. Terminé mi tercer año a finales de 2021 y, para mi sorpresa, durante mis estudios en Ridley conocí a la que ahora es mi esposa, Kamwende. ¿Valió la pena trepar esa roca? ¡Definitivamente! Porque Dios me enseño que Él es el que pelea nuestras batallas, nosotros simplemente debemos de tener ‘coraje’.


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