“Inmerso en la Gracia” representa una total dependencia en Dios. Después de haber comenzado mi primer año de estudios de teología, me veía a mí mismo adentrándome cada vez más en el agua, que simboliza sumergirse en la voluntad y confianza en Dios. Estudiar teología no solo abrió mis ojos para reconocer que Dios es aún más grande y asombroso de lo que pensaba, sino que también, al esforzarme por estudiar en inglés, leer y escribir ensayos en ese idioma mientras trabajaba a medio tiempo, me hizo depender más y más de Dios. Confiaba en que Él me daría las capacidades mentales y físicas necesarias. Además, enfrentar circunstancias difíciles me llevaba a orar más y reconocer aún más mi dependencia en Dios.
Debo aclarar que no me sumergí completamente de inmediato. Fue a medida que aprendía y cambiaba mis perspectivas gradualmente que me fui sumergiendo más en esta experiencia. Sin embargo, el camino no fue fácil y estuvo lleno de desafíos. En el segundo semestre, se me agotó el dinero que tenía ahorrado y comencé a retrasarme en el pago de mis colegiaturas. Luego, en las últimas semanas del año, la escuela me informó que si quería continuar en el segundo año, tendría que pagar todo el año por adelantado, algo que claramente no podía hacer.
Para poder terminar de pagar mi colegiatura, tuve que trabajar durante las ultimas semanas, lo cual implicaba faltar a algunas clases. Con esfuerzo, logré completar el pago. Sin embargo, ya no tenía los recursos suficientes para continuar al año siguiente. Fue entonces cuando tomé la decisión de pausar mis estudios. Durante el año 2019, trabajaría y ahorraría para poder retomar mis estudios el siguiente año.
Sumergirme en la gracia de Dios no significó que mi camino fuera fácil y sin obstáculos, ni que no me sintiera enojado, cansado o decepcionado al tener que pausar mis estudios por un año. Sin embargo, a pesar de todo, sabía que había tomado la decisión correcta y que estaba cumpliendo la voluntad de Dios.
Durante ese tiempo, aprendí a orar en silencio, a enfocarme en escuchar en lugar de hablar. Al cerrar los ojos en silencio, me veía a mí mismo como en la pintura, sumergido en un agua segura, lleno de paz. Sabía que, sin importar la situación, siempre podría tomar un momento y visualizarme en ese lugar, inmerso en la gracia de Dios.


Dejar un comentario